Domingo, 19.10hs

En El Camarín de las Musas, se respira el aire propio de los instantes previos a la función.
Al cortar el ticket, Tantanián mira a los ojos. El director parece intuir quiénes somos: “Nicolás”, dice. Efectivamente, no erró al suponer. Nos promete esperarnos al finalizar la presentación.
Comienzan los tres actores a contar… “en Italia hay una ciudad que se llama Florencia, y en las afueras de Florencia hay una casa. En esa casa hay una placa, y en esa placa dice ‘entre Agosto de 1868 y Agosto de 1869, Fedor Dostoievski escribió su novela ‘El Idiota’”. Y comienza la obra.
En la primera escena, una suerte de presentación, el idiota manifiesta sus deseos de volver a su casa con árboles y ratas. Sostienen también que la única manera de salvar al mundo, según algunos rusos, es cruzar el río de orilla a orilla con una vela encendida.
Rogojin golpea a Stella Galazzi, que como no podía ser de otra manera, interpreta a la deseada Nastasia. Y le dice que no comerá ni dormirá hasta que logre su perdón. Stella y Natasia le explican que no, que no lo hará -o harán-, y que saldrá al teatro con “un amigo”.
Tomando la posición de narrador, Nahuel explica que Nastasia salió al teatro, y que al volver, su compañero la besó y se tocaron apasionadamente, excediendo estos mismos conceptos en plena vía pública. Al entrar a la casa, ya de madrugada, Nastasia encuentra a Rogojin aún despierto, y –cumpliendo su promesa- sin haber comido.
La obra ofrece diversos escenarios imaginarios, desde un viaje en tren, la descripción de un cuadro y el mismísimo final (copiados textualmente del libro), hasta momentos propios de un musical, con personajes bailando. Se besan Nastasia y Rogojin, Rogojin y Myshkin, pero el beso más esperado, aquel de Nastasia y Myshkin, nunca llega a concretarse.
Otro leitmotiv que figura permanentemente, como los ataques de epilepsia y las sensaciones respecto a estos ataques, es la descripción de un cuadro de Hans Holbein, de 1521, que muestra a Cristo muerto. “Cristo demostró que el sufrimiento puede ayudarnos”, “los hombres poseen la acción y el sufrimiento para enriquecer al mundo”repitieron varias veces. La obra pictórica es analizada de una manera sumamente integral, desde diversos puntos de vista. Algunos espectadores experimentaron, sintieron o pensaron en algún tipo de paradoja cuando, en medio de estas católicas conversaciones, música judía envolvió el aire de la sala. También Tantanián -que además de actor, director y dramaturgo es músico (musicaliza esta obra)- nos regala la posibilidad de escuchar la más angustiante ópera, que queda excelente como adorno en las escenas en que se la incluye.
Alternando con estos momentos “profundos”, los actores demuestran sus habilidades cuando dejan de mostrarse como seres sufridos, y comienzan a contar anécdotas de sus antecesores. “Mi abuelo siempre tenía el bolsillo lleno de caramelos”, “mi abuela me llevaba a la heladería Venecia”, “mi mamá, que era armenia…”. Continuando con este momento autobiográfico, los personajes juegan al “toshka-toshka sapiteia”, que es un juego ruso. Ganó Myshkin.
“Es más fácil y más lindo morir con árboles alrededor. Y es más fácil y más lindo también, vivir rodeado de árboles”, dijo el idiota. Luego de la puñalada de Rogojin a Nastasia, el idiota vuelve a sentenciar “hoy no creo en dios. Mañana seguro que sí…”, dando lugar a que Rogojin encienda la vela y cruce el río.
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